Financiamiento: predominan los fondos propios
El informe también revela que la mayoría de los productores financió la campaña agrícola 2025/26 con recursos propios.
El 61% utilizó fondos propios, mientras que el 49% recurrió al financiamiento de proveedores mediante canje a cosecha.
En cambio, la participación del crédito bancario tradicional sigue siendo muy baja, con apenas 17% de utilización, principalmente debido a las altas tasas de interés reales.
“El productor tiene voluntad de invertir, pero el sistema financiero todavía no ofrece condiciones compatibles con la lógica económica de la actividad agropecuaria”, explicó Steiger.
Buena situación financiera de corto plazo
Otro dato relevante del informe es que los productores estiman que necesitarán el 51% de los ingresos esperados de soja y el 52% de los ingresos de maíz para cubrir los costos totales de la campaña.
Esto implica que, en promedio, los productores podrían contar con un superávit financiero al finalizar el ciclo productivo, lo que explica en parte el aumento en las expectativas de inversión.
Sin embargo, la estrategia predominante no es vender inmediatamente la producción.
El 48% de los productores prefiere retener mercadería a la espera de mejores precios internacionales o posibles cambios en los derechos de exportación. Otros optan por utilizar los excedentes para comprar insumos para la próxima campaña, mientras que un porcentaje menor destina esos recursos a la compra de maquinaria o hacienda.
Alta adopción de inoculantes y avance gradual de los biológicos
La encuesta también analizó el uso de insumos biológicos en la producción agrícola. El 92% de los productores utiliza inoculantes en el tratamiento de semillas, lo que confirma la altísima adopción de esta tecnología en la producción de soja.
En cambio, el uso de otros insumos biológicos (como bioestimulantes, biofertilizantes o biopesticidas) es menor: un 62% de los productores declara utilizarlos, mientras que un 38% afirma no emplear ningún biológico adicional.
Entre las principales barreras para su adopción aparecen la falta de conocimiento o capacitación (43%) y las dudas sobre su impacto en el rendimiento o en el control de plagas y enfermedades(36%).
Un sector optimista pero atento al contexto macroeconómico
En términos generales, el Ag Barometer Austral muestra que el sentimiento de los productores argentinos es altamente positivo, impulsado por la estabilidad macroeconómica relativa, la expectativa de continuidad de las políticas económicas y las buenas perspectivas productivas.
Sin embargo, el informe también advierte que persisten algunos factores de preocupación, como las altas tasas de interés reales, el posible estancamiento de la actividad económica y los desafíos vinculados al costo argentino y la competitividad.
“El sector agropecuario arranca 2026 con un nivel de confianza muy alto y con claras intenciones de inversión. El desafío ahora es que ese optimismo pueda traducirse en decisiones concretas que impulsen la productividad y el crecimiento del sector”, concluyó Steiger.