Los resultados de las pruebas PISA 2025 dejaron a Argentina otra vez frente a un diagnóstico crítico. Los estudiantes de 15 años retrocedieron en Matemática, Lectura y Ciencias respecto de 2022, y el área más comprometida volvió a ser matemática, donde el 76% no alcanzó el nivel mínimo de desempeño.
El deterioro se da en un contexto de retroceso global de los aprendizajes, pero en el caso argentino es especialmente pronunciado. En la evaluación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Argentina obtuvo 367 puntos en Matemática, 389 en Lectura y 393 en Ciencias. En Ciencias, que fue el área principal de esta edición, el país quedó en el puesto 71 entre 91 sistemas educativos.
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Casi la mitad de los estudiantes mostró bajo desempeño simultáneamente en las tres áreas, mientras que solo una minoría muy pequeña alcanzó niveles altos.
“Lectores apresurados” que no entienden lo que leen
La prueba PISA, que la OCDE realiza de manera periódica para medir habilidades y conocimientos de estudiantes de 15 años en Matemática, Lectura y Ciencias, alcanzó en esta edición a 760.000 alumnos de 91 países y economías, una muestra representativa de unos 33 millones de estudiantes.
La baja argentina se inscribe en un escenario más amplio que también encendió alarmas en otros países. A nivel mundial, Lectura fue el área con el descenso más pronunciado, especialmente en las habilidades más complejas.
El organismo detectó además un fenómeno global al que denominó “lectores apresurados”, estudiantes que responden rápido e incorrectamente, una conducta que casi se duplicó entre 2018 y 2025.
Los especialistas consultados por Infobae remarcan que en Argentina esa tendencia global se combina con debilidades previas del sistema educativo y con problemas de aprendizaje que vienen desde hace años.
Dos dimensiones para explicar el deterioro
Los especialistas en educación consultados por Infobae coincidieron en que es necesaria una interpretación compleja: el deterioro no se explica por una sola causa.
El análisis combina dos dimensiones. Por un lado, un problema estructural de la escuela argentina para asegurar aprendizajes básicos de manera sostenida.
Por otro, una transformación más general en la relación de los adolescentes con la lectura, la atención, el esfuerzo y los modos de estudiar.
En este aspecto, las pantallas, las redes sociales y los nuevos usos de la inteligencia artificial son claves para entender qué tipo de adolescentes están en las aulas.
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La crisis en matemática no sorprendió a quienes siguen la evolución de PISA
Para Gustavo Zorzoli, exrector del Colegio Nacional de Buenos Aires y especialista en educación “no es sorprendente el resultado en matemática, en términos de una tendencia que venimos teniendo en los últimos 15 o 20 años”.
En declaraciones a Infobae en Vivo señaló que esa materia “ha sido, desde el primer momento, el área con mayores dificultades” y que el nuevo retroceso, aunque peor que los anteriores, “no deja de estar dentro de lo previsible”.
Zorzoli vinculó ese deterioro con la falta de políticas persistentes para modificar la enseñanza. “En matemática no se ha hecho mucho en términos de pensar políticas activas que traten de torcer esta tendencia”, afirmó. En ese marco, sostuvo que el mal desempeño no debería leerse como una sorpresa, sino como el resultado de años sin cambios de fondo. “¿Por qué iba a cambiar esta tendencia si no ha habido en los últimos diez años nada que haga pensar que pusimos a prueba un modelo nuevo o un programa diferente para tener resultados mejores?”, planteó.
La observación dialoga con uno de los datos más duros de PISA 2025: apenas el 24% de los estudiantes argentinos alcanzó el nivel 2 o superior en matemática, que la prueba considera el umbral básico. El resto quedó por debajo de competencias elementales para esa edad.
En una línea parecida, Martín Nistal, director del Observatorio de Argentinos por la Educación, advirtió a Infobae que “desde 2009, Argentina viene empeorando de forma sostenida en sus resultados de Matemática y lamentablemente esta vez no fue la excepción”.
La frase resume la idea de una falla acumulativa: los estudiantes llegan al final de la escolaridad obligatoria sin dominar herramientas básicas, y el sistema no logra corregir esa trayectoria a tiempo.
En diálogo con Infobae, Sandra Ziegler, investigadora en educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y secretaria académica de la institución, señaló que la caída no responde a una única causa ni puede explicarse por una coyuntura particular.
Según planteó, el deterioro del aprendizaje es fruto de problemas estructurales acumulados, entre ellos el crecimiento de la pobreza y de las desigualdades, un sistema educativo muy fragmentado, la discontinuidad de las políticas educativas y la dificultad para garantizar condiciones óptimas de enseñanza.
A eso sumó “un debilitamiento del tiempo y la intensidad del trabajo escolar sobre aprendizajes fundamentales”.
Los sectores más favorecidos no son ajenos a la caída del desempeño escolar
El experto español Jorge Galindo, director del Centro de Políticas Económicas EsadeEcPol, aportó una lectura más amplia sobre lo que está mostrando PISA en esta edición. El especialista señaló que “lo más relevante es la caída generalizada de los resultados”, pero que “lo más sorprendente” y lo más difícil de explicar es que ese retroceso haya sido mayor entre los estudiantes de entornos más favorecidos.
A partir de ahí, Galindo propuso una hipótesis de lectura del informe en su cuenta de X. Según planteó, una pista importante para entender la caída general está en la capacidad de sostener la atención al leer. El retroceso fue mayor en lectura, aumentó la proporción de estudiantes que responden demasiado rápido y se equivocan, y los textos largos aparecen como un obstáculo cada vez más marcado.
Su interpretación coincide con los llamados “lectores apresurados”, alumnos que leen con rapidez pero fallan en las respuestas, un indicador muy fuerte porque sugiere que cada vez más estudiantes no terminan de entender lo que leen aunque avancen rápido sobre el texto. También mostró que las mayores dificultades aparecen en tareas que exigen enfrentarse a textos extensos, evaluar información o integrar datos de distintas fuentes.
Más que una caída aislada en un contenido escolar, el cuadro remite a un cambio en la forma de leer y procesar información.
El problema no es sólo estar en la escuela, sino qué se aprende en ella
Al explicar el retroceso, Zorzoli puso el foco en una contradicción que arrastra la secundaria argentina. Por un lado, el sistema logró sostener a más estudiantes dentro de la escuela. Por otro, esa permanencia no se tradujo en aprendizajes significativos.
“Tenemos más chicos en la escuela que aprenden cada vez menos”, resumió. Y fue más allá: “La escuela argentina hoy no enseña las cuestiones básicas”.
Según su lectura, el problema no pasa por exigir contenidos sofisticados, sino por no garantizar saberes fundamentales para la autonomía personal, los estudios superiores o el mundo del trabajo. “La matemática que requerimos para el desempeño de un ciudadano, que debería tener ciertos criterios de autonomía y poder tomar decisiones basadas en información, es la misma de hace cincuenta años. Es una matemática básica”, señaló.
De lo que se está hablando, agregó, es de jóvenes que no pueden resolver problemas de regla de tres simple, proporcionalidad o lectura de información en distintos soportes.
Ese diagnóstico se cruza con la mirada de Nistal sobre la persistencia del deterioro. Para el especialista de Argentinos por la Educación, la caída de PISA vuelve a mostrar que la debilidad no está solo en una cohorte ni en una edición de la prueba, sino en la incapacidad de revertir un problema estructural. En Argentina, la baja se produce además sobre un punto de partida ya rezagado en comparación con otros países de la región y con el promedio de la OCDE.
Las pantallas aparecen como una pista relevante, pero no como una explicación única
Galindo sostuvo que, entre los factores posibles, el informe destaca especialmente a las tecnologías digitales. El uso frecuente de herramientas de inteligencia artificial para resumir textos o redactar trabajos se asocia con peores resultados, mientras que el uso orientado a aprender no muestra el mismo patrón.
Su planteo introduce una distinción: el problema no sería la tecnología en abstracto, sino el tipo de uso que se hace de ella y el modo en que puede reemplazar el esfuerzo cognitivo. “Las tecnologías digitales bien usadas en el aprendizaje, deben ser como una cinta de correr cuya velocidad y pendiente se ajustan a cada estudiante: exigir el grado de esfuerzo cognitivo apropiado para incentivar su aprendizaje, en lugar de reemplazarlo”, escribió.
Esa lectura dialoga con la mirada de Ziegler, quien consideró que la caída argentina no responde a una única causa ni puede explicarse por una coyuntura particular, sino que expresa problemas estructurales acumulados.
Entre ellos enumeró el crecimiento de la pobreza y de las desigualdades, un sistema educativo muy fragmentado, la discontinuidad de las políticas educativas, la falta de metas estables y claras y la dificultad para garantizar condiciones óptimas de enseñanza. A eso sumó “un debilitamiento del tiempo y la intensidad del trabajo escolar sobre aprendizajes fundamentales”.
La especialista de Flacso también vinculó el deterioro con cambios en el clima de trabajo escolar. Señaló que los celulares y otros dispositivos interrumpen y fragmentan la atención y que aprender requiere tiempo, concentración, lugar para el error y la frustración, además de disposición para sostener una demanda cognitiva exigente. Según su lectura, esa distracción permanente debilita capacidades que repercuten de manera directa en la lectura y en la comprensión de textos. Añadió además que la escuela todavía tiene mucho por aprender sobre cómo incorporar la tecnología con sentido pedagógico y advirtió que, cuando su uso no está bien orientado, compite con el aprendizaje.
Los propios cuestionarios de contexto de PISA sugieren, de todos modos, que el entorno digital pesa. En Argentina, el 55% de los estudiantes dijo que sus compañeros se distraen con dispositivos electrónicos durante la mayoría o todas las clases de ciencias, frente al 28% del promedio de la OCDE.
También hubo indicadores desfavorables en ruido, desorden en clase y llegadas tarde, todos factores que afectan el clima de aprendizaje.
La caída en lectura también expone el peso del contexto social
Aunque matemática concentra el dato más dramático, el retroceso en lectura también preocupa a los especialistas. En Argentina, el 59% de los estudiantes quedó por debajo del nivel mínimo en esa área. Para Nistal, además de las dificultades propias de la escuela, ahí se suma el peso de la desigualdad social y del acompañamiento familiar. “La familia es fundamental”, señaló, aunque advirtió que las diferencias socioeconómicas en el país condicionan fuertemente los aprendizajes y hacen que los estudiantes más pobres tengan peores resultados de manera sistemática.
“La escuela pública en particular tiene que servir como motor de cerrar las brechas, independientemente de dónde vengan los chicos”, planteó Nistal. En su lectura, hoy eso no está ocurriendo. La caída en PISA expresa, entonces, no solo un problema de desempeño académico, sino también la dificultad de la escuela para compensar desigualdades de origen.
En esa misma línea, Ziegler sostuvo que los entornos por fuera de la escuela y la familia tienen un papel importante en la formación de hábitos lectores.
“Contar cuentos, leer carteles en la vía pública, conversar sobre algo leído produce estímulos muy significativos”, dijo a Infobae. Pero enseguida advirtió que, en Argentina, con altos niveles de pobreza y desigualdad, esa responsabilidad no puede quedar delegada en los hogares.
Para la especialista, tanto PISA como las pruebas nacionales vienen mostrando que la escuela no compensa las diferencias de origen, sino que muchas veces termina reproduciéndolas. Por eso planteó la necesidad de reforzarla “como una verdadera usina de lectura”, con libros, bibliotecas activas y tiempo cotidiano para leer textos diversos y cada vez más complejos. Desde esa mirada, la práctica lectora puede derramarse luego hacia las familias y hacia la sociedad, pero no al revés.
Ziegler agregó que muchos alumnos llegan hoy con una base distinta, “seteados” por la velocidad y el multitasking que promueven las pantallas. La observación vuelve a cruzarse con la hipótesis de Galindo sobre una transformación más amplia en los modos de atención y en la relación con los textos.
El problema afecta a todos los chicos, no sólo a los sectores vulnerables
La doctora en Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) Carina Cabo sostuvo en Infobae en Vivo que los resultados de PISA 2025 son “muy desfavorables” y que vuelven a poner en primer plano un debate postergado sobre la escuela secundaria. Según planteó, el nivel medio sigue funcionando con una estructura “atomizada” y “fragmentada”, demasiado parecida a la de hace décadas, pese a que hoy enfrenta problemas muy distintos.
Cabo vinculó de manera directa las dificultades en lectura con el derrumbe en matemática.
Señaló que si un estudiante no comprende lo que lee, tampoco puede resolver un problema matemático, incluso cuando no se trata de consignas especialmente complejas. Para la especialista, la gravedad del cuadro está en que PISA no mide solo contenidos puntuales, sino la capacidad de aplicar conocimientos y habilidades.
También marcó una diferencia con las pruebas Aprender. Mientras esos operativos se enfocan más en contenidos específicos, explicó, PISA apunta a habilidades de pensamiento y a la posibilidad de usar lo aprendido en situaciones nuevas. Desde esa perspectiva, no hay contradicción mecánica entre una mejora en Aprender y una mala performance en PISA: pueden estar observando dimensiones distintas de los aprendizajes, y eso obliga a no sacar conclusiones apresuradas a partir de una sola evaluación.
La especialista subrayó además que el problema no se limita a los sectores más pobres. Aunque aclaró que los contextos vulnerables sufren con más fuerza las desigualdades, remarcó que también trabaja con escuelas privadas y con estudiantes de sectores altos que presentan dificultades serias de lectura, de convivencia escolar y de vínculo con el aprendizaje.
