Liliana Felipe – La pianista y compositora villamariense, quien hace casi medio siglo vive en México, llegó al país para dar varios recitales por los 50 años del golpe de Estado
“Los derechos humanos son para todos los seres vivos
Su gira se titula 1976-2026 y abarca Villa María, Córdoba, Buenos Aires, Rosario, La Plata y La Pampa. En este toma y daca habló del golpe, el exilio, la música, el horror de la muerte de su hermana, el salvavidas que ha sido México para ella y su pasión por todos los animales
Escribe: Juan Manuel Orbea
Hablar con Liliana es entrar a un universo donde la música, el humor y la memoria política se entrelazan sin concesiones. Nacida en Las Varillas (1954), pero criada en Villa María, todos saben que ella es pianista, compositora, cantante y una de las figuras más singulares del exilio cultural argentino. Su obra -prolífica, independiente y profundamente crítica- supera las 500 canciones y más de 25 discos editados, donde combina virtuosismo musical y una mirada mordaz, irónica y a la vez profundamente sensible sobre la realidad latinoamericana.

Su vida dio un giro definitivo en 1976, ya que, mientras realizaba una gira por América Latina, el golpe de Estado del 24 de marzo la sorprendió fuera del país. Estaba en Perú y decidió no regresar. Ahí inició un recorrido por distintos países, hasta radicarse finalmente en México.
Pero el exilio no fue una elección libre: estuvo atravesado por la tragedia. Su hermana, Ester Felipe, fue secuestrada en Villa María pocos días después del golpe junto a su pareja, Luis Mónaco -quienes tenían una niña de 25 días de nacida, Paula, quien también vive en México y es periodista-. Se sabe que fueron llevados al Centro Clandestino de Detención La Perla, uno de los mayores dispositivos represivos del interior del país, en Córdoba. En los últimos años, a partir de excavaciones en zonas aledañas al predio, se han hallado fosas comunes y restos óseos que comenzaron a ser identificados, reabriendo la esperanza -y el dolor- de poner nombre a las víctimas. Incluso se acaban de identificar a 12 desaparecidos, aunque aún no a Ester.
En México, Liliana encontró refugio y un territorio fértil para su creación. Allí construyó una obra profundamente ligada al cabaret político, en colaboración con su compañera, la actriz, directora y activista Jesusa Rodríguez. Juntas fueron impulsoras de un espacio emblemático de la escena cultural mexicana, el teatro-bar El Hábito, que durante 14 años se convirtió en un núcleo de resistencia artística, humor crítico y experimentación escénica. Y hoy Liliana habló con elDiario a propósito de los recitales titulados 1976-2026 que dará en su nueva gira en Argentina, y donde una vez más sale a relucir su voz única, irreverente, incómoda, profundamente política, siempre atravesada por la memoria, el exilio, y con esa mirada aguda y crítica sobre el poder y su nueva causa: el antiespecismo.
-Liliana, este 24 de marzo se cumplen 50 años del golpe de Estado en la Argentina. De hecho, a tu gira por el país, que te trajo a Villa María y te llevará a Córdoba, Buenos Aires, Rosario, La Plata y otros lugares, la titulás 1976-2026. ¿Cómo cambió tu vida todo esto, y sobre todo el tema de la desaparición de tu hermana mayor, Ester, alguien que no está, pero que seguro siempre está ahí, dentro de vos?
-La desaparición de Ester es como si me quitaran el piso para siempre. Cuando sucede algo así hay que reaprender a vivir con eso. A mi hermana la necesito todos los días de mi vida, pero, entendiendo que eso no va a ser posible, he sabido poner cosas en donde yo siento que puedo ser útil, como en la música.
-Lo que pasó hace medio siglo, cuando estabas de gira tocando el piano en Perú, más allá de lo de Ester, te afectó a ti y al futuro de tu propia vida, de súbito.
-Sí. El golpe militar definió totalmente algo que no había diseñado así, no de esta manera. Para mí, la vida era tocar el piano, estudiarlo y dedicarme a la música. La verdad, yo no era en ese entonces militante, era estudiante de la Escuela de Artes de Córdoba y sí, con la información política que me daba mi hermana, claro, que era mi referente y mi sostén. Ella me decía cómo me tenía que vestir, cómo ver el mundo, todo. Era la persona que más me educaba, aparte de mi mamá y papá.
-Encima, ese exilio inesperado te tocó muy joven.
-Sí, era muy joven. Pero no me dediqué a añorar un país que estaba a 6.500 kilómetros de distancia, sino a descubrir otro mundo que había para mí, y ese mundo es México, un país de una exuberancia abrumadora, infinito, inclusive para los propios mexicanos. Hay un arqueólogo famoso que decía que, si se extendiera, porque México es muy montañoso y con una inmensa y variada cultura, sería el país más grande del mundo.
-Y llegaste en una edad donde seguramente te impactó más aún, y casi por azar.
-Para mí, México es algo que me moldeó y me ayudó para sobrevivir. Fue un salvavidas, mi luz, un aprendizaje de vida y existencial. Hace poco, hablando con la embajadora de Argentina en México, que me decía que yo no era “argenmex” (nota: así se les llama a los hijos de argentinos o de aquellos exiliados que llegaron muy jóvenes desde Argentina e hicieron su vida en México sin perder sus raíces), yo le dije que no, que yo soy “mexitina” (risas), y es que llevo muchísimos más años viviendo allí que en la Argentina.
-Ahora, contame un poco tu lucha por los derechos humanos, que está implícita en tu música, en muchas de tus canciones, que entiendo que hoy se ha ampliado más allá de lo que el general de la gente entiende por derechos humanos.
-Mi compromiso por los derechos se expandió y se difuminó. Porque hubo un día en mi vida en que yo abrí una puerta y detrás de esta estaban todos los demás animales diciéndome “acá estamos”. Y me di cuenta de que tenía que hacer algo por ellos, y al mismo tiempo, por mí. Yo asumí el reto. Habían ya varios indicios, como lo que me dijo una cantante de rock-pop mexicana, Sasha Sokol, que me decía que era el momento de no comer más animales. Y otra gran amiga, la actriz argentina Érica Rivas, quien además me va a acompañar durante esta gira por Argentina, también me hablaba de este tema hace años.
-Entonces, ¿dejaste de comer carne por amor a los animales?
-Sí, y también un monje budista que se cruzó en mi camino me ayudó a entender mejor. Y una vez que veníamos en la ruta, en el auto, con Jesusa, cuando nos quedamos detrás de uno de esos camiones enormes llenos de cerdos apretujados. Eso que vivimos fue un impacto muy grande y dijimos “basta”. Y sí, aún comíamos pescado o queso, pero comenzó a entrar la información sobre lo que era el veganismo, lo que era el antiespecismo. Eso fue en 2012, justo el año que para los mayas hubo un cambio de era. Y este ha sido uno de los más grandes regalos que me ha dado la vida. Porque ha sido un redimensionar las cosas y, sobre todo, de vivir y estar en el mundo de otra manera. El de ser parte de un todo, bajarte del pedestal, y de dejar de sentirte la excepción. Y entender que ese Dios culpabilizador, justiciero y vengativo es como el resultado de un vino mal añejado. Toda esta mezcolanza, en donde también entra el patriarcado, la colonización y la imposición de la alimentación, que además en México es tan fuerte, tan lleno de colores, sabores y olores, pero donde los colonizadores llegaron cortando lenguas si no comían lo que ellos, todo eso, hizo mella en mí.
-Por ahí leí que cuando estuviste en los juicios por los crímenes del ex-Centro de Detención Clandestino de la Perla tuviste también una especie de revelación sobre los militares ahí juzgados, alguno de los cuales, seguramente, fue quien mató o dio la orden de matar a Ester y a su pareja tras secuestrarlos y desaparecerlos.
-Todo esto que viví y me cambió coincide con el juicio de la megacausa La Perla. Ahí estuve con mi sobrina Paula, que tenía 25 días de nacida cuando secuestraron a mi hermana. También estaba mi hermano Jorge. Y allá estaban los militares; en otro lugar, los abogados; y al frente, los jueces, con una cruz enorme encima de ellos, algo rarísimo, donde se mezcla la Justicia y la religión, algo que en México no puede pasar porque hay una clara separación entre la Iglesia y el Estado. Y entonces sentí que esos tipos eran como los matarifes de un matadero, eran lo mismo, unos mataron humanos, otros matan vacas, cerdos o pollos. Y me imaginé en ese momento la mirada de todos los desaparecidos pidiéndoles misericordia, ayuda, al igual que una vaca en el matadero, porque las vacas saben que van a morir e incluso lloran.
-¿Y qué sentís al recordar todo esto?
-Mi hermana estaba amamantando cuando fue desaparecida. De hecho, escribí algo que tiene que ver sobre que el olor de la leche es el olor de la desaparición. Porque, además, es exactamente lo que hacemos con las vacas: violarlas, embarazarlas y quedarnos con sus hijos, además de con su leche. Lo que me queda claro es que el mundo está controlado por el lobby ganadero. Sin embargo, a pesar de todo esto horrible, hay pequeños logros, por ejemplo, Ámsterdam ha prohibido cualquier tipo de publicidad que tenga que ver con la industria de la alimentación animal y lo argumentan porque dicen que es más perjudicial que el petróleo. Es como la caca de la vaca, que produce cantidades obscenas de metano y afecta a la capa de ozono. Esto no es ideológico, es científico, porque la industria de la carne nos perjudica a todos, seas negro o blanco, de izquierda o derecha, vegano o carnívoro. Pero, eso sí, ese negocio solo es de la derecha. De hecho, en el gobierno de Milei es lo único que realmente ha subido en cuanto a exportaciones. Pero el negocio, igual, lo promueven los progresistas, los indecisos y los ignorantes. Yo, igual, no voy a “vegangelizar” a nadie, si no te has dado cuenta de que matar 6 mil seres únicos e irrepetibles es un genocidio, entonces yo no tengo más que decir.
-Me gustaría que me contaras qué sentís de vivir en un México que va en sentido contrario a la Argentina de Milei. Con un movimiento progresista enorme, real y que está haciendo muchas cosas por la mayoría. ¿Qué sentís de haberte tenido que quedar en el exilio en México, cuando ese país estaba dominado por la derecha, y ahora volver a la Argentina, por primera vez con este gobierno, el cual parece estar dominado por una derecha, sino ultra, sí recalcitrante, luego de años de progresismo y de suma de derechos que hoy están en peligro e incluso, algunos, borrados de un plumazo.
-Argentina, a pesar de Milei, sigue siendo ejemplo en la lucha por derechos humanos. En eso tiene un moño. Y aun con lo que falta, los hijos que faltan recuperar, el país puso en el banquillo a los culpables, y eso merece un 10. Pero si no trabajamos las causas del origen de la violencia del Estado seguiremos en las mismas, y habrá Mileies y Trumps para rato. Necesitamos abrirle los ojos de quiénes son cómplices de esto. Porque, ¿dónde asumió Macri? En la Sociedad Rural Argentina. ¿A dónde fue Milei? Ahí mismo. ¿Cómo hizo su dinero Trump? Vendiendo carne. Hay que pellizcarse y preguntarse: ¿estoy viendo realmente cómo es la historia o no? Yo soy muy inflexible en esto. No soy buena maestra. Es como cuando entiendo que alguien no puede tocar el piano (risas).
-Hablando de piano, tocaste donde comenzaste a aprender realmente a tocarlo.
-Yo estuve en la puerta el primer día que se abrió el Conservatorio de Villa María, en el primer edificio, cerca del Hotel Palace. Un lugar que olía a pianos viejos y con solo dos aulas. De eso han pasado más de 60 años. Y ahora volví al lugar donde empezó todo. Hermoso.
-¿Y cómo nació tu pasión por este instrumento?
-Mirá, mis hermanos estudiaban guitarra, mientras que Ester estudiaba danzas folclóricas e italiano. Y yo dije “piano”, y no sé por qué quise estudiarlo. Comencé con una maestra del barro Rivadavia y luego llegó a mi vida mi querida maestra Irene Timacheff, que fue la que me condujo y estructuró en esta historia con el piano.
-Y de ahí vino toda una relación, casi de amor, con el piano, componiendo más de 500 canciones, donde hay sentimiento, crítica política y social, y mucho humor, de esa risa que señala. Y tus canciones tienen que ver con lo teatral, son casi inclasificables.
-El humor tiene que ver mucho con Jesusa, mi pareja, que es una humorista excepcional, una estudiosa del tema. Ella fue la que me enseñó lo humorístico, y ella es letrista de muchos de mis temas, los hacemos juntas. Y ella tiene un humor muy de avanzada, futurista, visionaria. Y bueno, lo teatral tiene que ver con la historia del cabaret, de trabajar diariamente durante 14 años en nuestro espacio en México, El Hábito. Ahí fui aprendiendo ese ritmo tan particular del humor. Y nosotras cambiábamos el espectáculo cada tres meses. Y bueno, el piano, para mí, es un compañero o compañero de vida. Sabes, piano significa “suave”, y se puede decir que es un instrumento de sexo indefinido.
-¿El piano te salvó la vida? Te lo pregunto tomando en cuenta lo que viviste con tu hermana y tu exilio inesperado.
-Sí, me ha salvado. Hubo varios momentos donde me agarré del piano, como a un salvavidas. Y acá está (Liliana hace esta entrevista frente al piano) y no solo me desafía a ser mejor tocando, sino que me ayuda a salir de una trampa, como la de los sentimientos estúpidos. Por ejemplo, recuerdo una canción que hice para mi hermana, “Otro adiós sin Dios”, y que fue una comunión absoluta con el piano (Liliana comienza a tocar y a cantar) “¿Cómo fue la bala?, ¿Dónde estaba el cielo? ¿Qué montaña ya no pudo más besar tu pelo?”, yo todo esto lo hice con el piano, que me ayudó a ponerle la letra a un sentimiento muy difícil de decir: la de la bala que la mató.
-¿Y qué es lo que la gente que te irá a ver a los muchos recitales vivirá en este 1976-2026?
-Es muy curioso, porque yo salí el 13 de marzo de 2020 de la Argentina en el último avión antes del encierro de la pandemia y desde ese entonces no regresé. Y creo que ahora, el país vive una peor pandemia con Milei. Las canciones que tocaré (nota: la mayor parte de esta entrevista se realizó antes de su recital en el Conservatorio local) son esas con las que tengo mejor relación con el piano. Y puedo asegurar que no tocaré ninguna del Chaqueño Palavecino (risas), y menos cantando a coro con Milei, que, la verdad, me da mucha vergüenza. Pero ya en serio, creo que los repertorios van a ir variando dependiendo de cómo se va dando cada recital y cómo se sienta la gente.
-Pero supongo que el recital en el Conservatorio de Villa María fue muy especial.
-Así lo ha sido. Siento que fue ir a una clase más, porque sentí la mirada de mis maestras detrás, como sentía cuando era niña y en donde estudié 6 años. Ahí estuvieron de alguna manera Ester Amblard, Perla Baccari e Irene, quienes de alguna manera me guiaron como siempre lo hicieron. Fue, sin duda, una noche inolvidable y hermosa.
-¿Y qué sentís de que alguien como Milei esté hoy en el poder en la Argentina?
-Milei es un comodín, un títere, porque en realidad es una patota la que está robando todo a través él. Si uno mezcla ignorancia, soberbia y ablutofobia, que es el trastorno de ansiedad que se caracteriza por un miedo intenso a bañarse, sale ese personaje.
-¿Y qué te produce el hallazgo de restos humanos cerca de La Perla? ¿Qué sentís de pensar que unos de esos pueden ser los de Ester y los de Luis?
-Venimos con eso desde hace muchos meses, e incuso varios años antes. Hay un día en que digo “sí, quiero que aparezcan los huesos de mi hermana”, y otro día digo “no, no quiero, porque no sé qué hacer”. Son sentimientos encontrados, porque con huesos o sin ellos, el sentimiento es el mismo. Pero ante el negacionismo argentino, que no quiere enterarse de nada, ahí están 12 personas desaparecidas identificadas.
-¿Cuál es la opinión que tenés de Claudia Sheinbaum?
-Ha superado las expectativas que teníamos todes. Y es un gusto ver cómo cada día va mejorando y haciéndolo mejor como estadista y pensadora. Y tiene un talento especial que los políticos en su mayoría no tienen: sabe escuchar. A mí me emociona mucho. Claudia no es vegana ni antiespecista, pero posiblemente lo logre ser (risas).
-Por último, ¿un mensaje a Villa María?
Bueno, yo aquí crecí, estudié y fui muy feliz. Y ojalá mi mensaje de extender nuestra felicidad y empatía hacia los demás animales les llegue a las y los villamarienses.





