En las últimas horas, los profesionales de la medicina que trabajan en el sector público han sido objeto de descalificaciones injustas y reduccionistas. El Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba manifiesta su malestar por este ataque sorpresivo hacia quienes desarrollan su actividad en medio de condiciones complejas, en un contexto de aumento de la demanda producto del emprobrecimiento de la población, que progresivamente abandona los servicios privados.

 

En primer lugar, queremos aclarar que presentar al sector privado como un parámetro de calidad responde a un estereotipo y a una visión despectiva de lo que brinda el Estado, en el que todos contribuimos de manera solidaria. En ese sentido, cabe destacar que en los últimos años el sector privado ha sufrido una crisis continua que se ha traducido en el cierre de establecimientos y en la concentración de la oferta en los centros más poblados y en cada vez menos instituciones. El personal sanitario que trabaja en el sector privado no lo hace en circunstancias óptimas para el desarrollo de su actividad. De hecho, venimos advirtiendo del colapso del subsistema privado. ¿Por qué –entonces– usar su realidad como un ejemplo?

 

Por otro lado, la modalidad de trabajo en los hospitales estatales –donde se absorben tareas esenciales para la salud pública– no puede ser objeto de un diagnóstico acelerado y simplista. Detrás de la actividad que se observa hoy hay años, décadas, de reformulaciones, cambios de horarios, de tareas y hasta de paradigmas: para algunos gobiernos, de distintos signos políticos, la solución ante el pedido de mejora salarial era recortar la carga horaria. El desempeño en el sector público arrastra particularidades surgidas de medidas intermedias e insuficientes, que no se pueden conocer a golpe de vista en un análisis acelerado.

Estigmatizar al profesional que trabaja en el sector público está de moda, pero es injusto: en primer lugar, porque no se puede utilizar una única variable –la cuantitativa– para medir la productividad. En casi ninguna actividad es válido, pero en la de la salud lo es menos: ¿Cómo juzgar el desempeño de un médico exclusivamente por la cantidad de pacientes que atiende cuando es la calidad de la atención la que está en juego?

 

Los médicos perdimos nuestra representación gremial hace más de tres décadas. La desaparición del Colegio de Médicos de Córdoba, por el quiebre de la institución, tiene todavía consecuencias, incluida la vulnerabilidad de los profesionales ante las pésimas condiciones de trabajo exigidas por obras sociales y prepagas, así como por patronales.

 

De esta forma, los profesionales llegamos al momento de la jubilación con una compensación exigua. Que –es cierto– es todavía menor en la Caja de los Profesionales de la Salud que en la Caja de Jubilaciones de la Provincia. Pero esa comparación tampoco es acertada: las jubilaciones magras son el resultado de la imposibilidad de aumentar la deducción de aportes a quienes hoy estamos en actividad. Además, se está comparando lo malo con lo regular, no con lo bueno.

 

Pedimos a las autoridades de la Provincia que mantengan el trato respetuoso que los profesionales de la salud –que en los últimos años hemos dado sobradas muestras de entrega y vocación– siempre hemos tenido. Creemos en el diálogo, no en los monólogos. Los procesos de cambio unidireccionales pueden ser contraproducentes: la construcción debe ser colectiva.

 

Junta Directiva

Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba